Una tarde en Atlanta

El amor es la ley y nos tenemos los unos a los otros.

Una tarde en Atlanta

El 1 de febrero tomé un vuelo e hice escala en Atlanta, Georgia.

Vine unos meses al Reino Unido a arreglar unas cosas de familia. Volé de Monterrey a Atlanta y luego de Atlanta a Manchester. Mis padres tenían miedo que pasara por Estados Unidos, por todo lo que ha estado pasando en el área presidencial y nuestras relaciones internacionales como vecinos imperfectos. Yo la verdad, no tenía tanto miedo. Atlanta tiene un historial como punto clave para los derechos civiles, con una población bastante diversa y con un riquísimo legado cultural. No es como si hubiera llegado a un pueblo más hostil.

La fecha no fue coincidencia. El Imbolc de los paganos. La Candelaria de los católicos. El Año Nuevo Lunar de los chinos. Quise volar al comienzo de febrero para celebrar que se acababa el invierno. Que el tiempo de reposo en nuestras cuevas estaba terminando, y que era momento de encender motores y prepararnos para la primavera que se avecina. Para el verdadero comienzo del año. He estado escribiendo algo al respecto y quizás lo comparta en una próxima entrega.

Cuando hago escala en algún lugar nuevo, me encanta tomar varias horas entre cada vuelo para poder conocer el lugar. Al menos por una tarde. Son como unas vacaciones improvisadas en medio del ajetreo. Algo de turismo sin tener que gastar en hoteles o comodidades excesivas. Los únicos estados en Estados Unidos en los que he pasado más de un día han sido Texas y Nueva York, ya sea por proximidad con Nuevo León o, en el caso de Nueva York, un programa estudiantil en la universidad.

Me encantaría conocer todos los estados, así como me encantaría conocer todos los estados de México, pero necesitaría muchísimos días y muchísimo dinero. Entonces, hacer escalas de vez en cuando en ciudades más internacionales es un buen plan. Así me he paseado por Chicago y Phoenix. Y ahora, por Atlanta.

Salí del aeropuerto y tomé un taxi a Ponce City Market. Días atrás, había buscado en Internet qué lugar de Atlanta estaría padre para comer, comprar, descansar y disfrutar. Salió este mercado. Es un poco burgués, sí. Pero también tiene su valor histórico. Está a unos pasos del Beltline, un sendero de 22 millas que conecta a los vecindarios del centro y que reutiliza vías del tren en desuso y áreas antes abandonadas, ahora llenas de vegetación, arte, y espacios para convivencia. El mercado mismo era una bodega para tiendas departamentales que había sido construída sobre un antiguo parque de diversiones. Es lindo que la gente pueda volver a reunirse ahí de nuevo.

En medio de tanta turbulencia, tanto en los aviones como en las noticias, Atlanta se sintió como un sitio seguro. En el aeropuerto, en el taxi, en las calles, la gente era cordial con amigos y extraños. Como si los extraños fueran amigos por conocer. Compartían tips y sacaban temas de conversación, pero sin abrumarte con demasiadas preguntas. El hip hop,el R&B, el soul y el house sonaban por doquier. Excelente música de la gente para la gente. Incluso sus voces eran musicales, con ese reconfortante acento sureño.

Compré unas cuantas piedritas en Modern Mystic Shop y en Sugarboo & Co. Comí el hot dog 755 en H&F Burger. Tomé un matcha helado de Laraiya’s Bodega. Lugares independientes, desde abajo surgiendo y compartiendo.

Colores, esperanza. Sol y suavidad. Regresando al aeropuerto, confirmé que nos tenemos los unos a los otros. La gente de arriba nos hace los mandados, desde las redes sociales hasta los mal llamados “líderes” que se pelean como en las luchitas. La vida real sucede en la calles, en los puestos, en los transportes, en los hospitales, en las salas, recámaras, comedores.

El amor entre nosotros es la verdadera ley. Más que solidaridad y empatía, amor.