La mejor maestra que tuve. La peor maestra que tuve.
Spoiler alert: las dos fueron la misma maestra.

La mejor maestra que tuve
La mejor maestra que tuve era la maestra Pavlova. Cambié su nombre para no quemarla, pero su amor y dedicación eran auténticos. Nos daba clases de Química en la escuela de monjas del Espíritu Santo. En secundaria, no se esperaba mucho de nosotras en lo general, más que castidad, sometimiento, humildad. Como si nosotras fuéramos monjas también. Pero la maestra Pavlova quería que fuéramos más allá. De la capilla a las estrellas. Del pupitre a la jungla.
Nos hablaba de los componentes básicos de la vida en el universo, de los átomos en nuestro cuerpo. De cationes y de aniones. Me acuerdo de ellos porque la maestra Pavlova decía que nos acordáramos de unas alumnas que se llamaban Caty y Ana. A ellas no les pongo pseudónimo porque hay muchas Catys y muchas Anas. Pero no hay muchas Pavlovas. O al menos es lo que yo pensaba.

Ella tenía contactos con el Tec de Monterrey, con quienes consiguió que fuéramos parte del JASON Project, un programa de aprendizaje de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) para secundarias estadounidenses. La Prepa Tec hacía una especie de feria de ciencias en las que ciertas escuelas de Monterrey hacían exposiciones, cada una en un aula temática. Lo que ahora llamarían experiencias inmersivas.
Competíamos contra secundarias de gran renombre y presupuesto, algunas de ellas, de puros varones. No recuerdo cuál era el premio, si era un viaje a la NASA o algún sitio en el que el JASON estuviera trabajando ese año en Estados Unidos. Lo que sí recuerdo es que prepararse para la feria en sí era algo muy divertido. Un año mi madre hizo hojarascas en forma de estrella. Otro año hicimos un árbol con papel reciclado, un palo de escoba, una cubeta, y pajaritos de alambre y fieltro. Las demás escuelas hacían cosas más sofisticadas, pero los alumnos no se veían tan entretenidos.

Recuerdo también que había otra convocatoria, para que los mejores alumnos fueran a un viaje similar y se involucraran. La maestra Pavlova me propuso a mí y a otras compañeras para que fuéramos a la Prepa Tec (pero a otro campus) a que nos entrevistaran los mismos gringos que trabajaban en el JASON. Ella creía en nosotras. Ella creía en mí, aunque yo no lo hiciera.
Tampoco nos eligieron, pero la confianza que ella había puesto en nosotras, niñas clasemedieras cuando el mundo del STEM estaba antes solo abierto a niños pijos, el mismo tipo de niños pijos que ahora está destruyendo al mundo, fue un gran tesoro.

La peor maestra que tuve
La peor maestra que tuve era la maestra Pavlova. Era la misma Pavlova, o al menos parecía serlo. El contexto era distinto. Ahora cursaba el tercer semestre en una preparatoria mixta de inspiración marista. Sip, eso de la educación religiosa era un tema. Pero la maestra Pavlova que había roto las fronteras y nos había prometido el mundo y el cielo, ahora nos encadenaba al metal y al concreto.
La maestra Pavlova ahora nos daba Matemáticas. Siempre estaba enojada. No miento. Aunque de pronto quería salpicar las cosas con su humor, como lo del coseno, la cotangente, la hipotenusa. Los recuerdo porque decía que las abreviaciones de “co” “ca” “hie” eran como “coca y hielo”. Pero algo faltaba. Esas ganas de inspirarnos. Ese poder espontáneo. Todo era exámenes semanales y regaños.
En la secundaria, era la alumna promesa con ella. En la preparatoria, casi repruebo su materia. Casi pierdo mi beca. Tuve un colapso nervioso. Los grados eran lo único bueno que tenía, o que pensaba que tenía. Se notaba que ella no amaba las matemáticas, que no amaba la preparatoria, que no amaba la vida. Así como yo, de algún modo.

El problema de la maestra Pavlova no era únicamente dar la materia equivocada. Ella también era la titular de otro salón de clases. Los titulares de cada salón eran más bien los mentores de dicho salón. Los modelos a seguir, que estaban ahí para escucharnos y guiarnos. Pavlova, me han contado, no escuchaba ni guiaba. Solo esparcía el temor a dios. A otro dios que no era el que la inspiraba en la secu. Por eso los pongo en minúsculas: porque, aunque ambos fueran la misma representación de la iglesia católica, eran dos dioses diferentes. Dos aproximaciones distintas. No solo era otra maestra Pavlova. Era otro dios.
En la secundaria, Pavlova y su dios nos inspiraron a ir más allá, a descubrir y disfrutar de su obra en el macrocosmos y el microcosmos. A reconocer las fórmulas que nos conformaban casi como fórmulas alquímicas. A ver la ciencia como liberación, sin obstáculos de clase y de género. Al fin y al cabo, todos teníamos cationes y aniones.
En la preparatoria, Pavlova y su dios nos obligaban a conformarnos, a machetearnos lo que aprendíamos o desaprendíamos. A grabarnos las fórmulas como los diez mandamientos, grabadas en piedra. O talladas con un picahielo en el tallo de un árbol. La psique, desmoronada como una hojarasca en las manos de un niño pijo. Una coca con hielos. Fría, tóxica, enferma. Pero, ojalá, espero, también efervescente. Como también espero que la pasión de Pavlova, la vocación verdadera, el amor incondicional por todo lo que nos conforma y todo lo que hay en su entorno, haya podido brotar de nuevo algún día.

El examen imposible
Llevaba meses queriendo escribir sobre ella, pero fue hasta que vi la serie Nadie Nos Va a Extrañar que algo me tronó muy dentro. Una de las maestras fácil pudo haber sido Pavlova. Era Gaby Rivero, la maestra Jimena, quien fue tan tierna y amorosa en la primaria de Carrusel y ahora era dura y distante. En la preparatoria, era maestra de física, temida por todos como la esfinge que les ponía hacer el Examen Imposible.
Después de una tragedia, la maestra tuvo un cambio en su mente y en su corazón. Esta escena fue un bálsamo para el alma. Ojalá Pavlova, sin ninguna tragedia de promedio, haya llegado a algo así:
@algodondepolvoraLa maestra Ximena se convirtió en maestra de física 😱😱😱😱😱 #gabirivero #gabrielarivero #carruseldeniños #nadienosvaextrañar🥺
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¿Tú también tuviste una maestra buena que se hizo dura con el tiempo? ¿O como docente te has endurecido con el tiempo? ¿O conoces a alguien así? Comparte este post y recuérdale que nunca es tarde para volver al amor.