La magia nos hará libres

Damien Echols y lo divino en el todo.

La magia nos hará libres
Dingir, un caracter sumerio que significa “dios” y “cielo”.

—What you gonna do when you get out of jail?
—I’m gonna have some fun.
—What do you consider fun?
—Fun, natural fun.

Tom Tom Club - Genius of Love


Cuando salió de la cárcel, Damien Echols no se divirtió. No de forma natural, no de forma artificial. Había desperdiciado su juventud adulta con una condena de muerte por un crimen que no cometió.

Unos niños fueron encontrados muertos en el río, con partes sensibles del cuerpo mordisqueadas por las tortugas. Lo atribuyeron a un ritual satánico. Eran los 90s. Le echaron la culpa a los gotiquillos del pueblo. Dos de ellos, Jason Baldwin y Jessie Misskelley Jr, eran menores de edad, y la corte esperaba que llegaran a viejos tras las rejas. Pero Damien ya tenía dieciocho. Dieciocho, una vida en la pobreza, educación trunca, y un bebé en camino. Poco importó. Él había cometido el crimen capital de usar ropa negra en el cinturón cristiano de Estados Unidos. Además, ya tenía historial como ladrón de tiendas y moradas. Tenía qué morir. Quién sabe cuándo. El peor castigo sería la espera.

Los íconos más cool de la generación X para arriba se alzaron con guitarras, plumas y cámaras. Desde Margaret Cho y Eddie Vedder hasta Peter Jackson y The Chicks. Lucharon por años para liberar a los chamacos. Dedicaron documentales, libros, festivales, a los chicos, rebautizados como los Tres de West Memphis. Una ciudad tan mocha, pero tan olvidada por Dios.


Damien en el Death Row no se olvidó de Dios. Del que componía al universo y nos componía a nosotros mismos. Las primeras dos personas en acercársele fueron un preso budista y su maestro zen. Le dieron un paquete de cosas necesarias para lo cotidiano en la cárcel. Además de lo más mundano, como timbres postales y una barra de jabón, le dieron un consejo:

puedes convertir tu celda en un monasterio y trabajar en ti mismo, o puedes ser como el resto de estos tipos, sentarte y perder la cabeza.

Él entonces eligió la vida del monasterio. Se ordenó en la escuela budista del Rinzai Zen y dedicó sus horas a la meditación. Luego cambió su enfoque hacia la magia ceremonial del hermetismo occidental. Hacía las prácticas casi como una jornada laboral. Eso le mantuvo sano. Le mantuvo vivo. Compartió su búsqueda espiritual con Lorri Davis, una pen pal que pronto se volvió su esposa y su apoyo legal, mental, trascendental.

Juntos en la distancia hacían rituales todos los días para poder escapar. Tomó casi dos décadas para que los Tres de West Memphis fueran liberados. Mas no absueltos. En su libro High Magick, Damien comparte que cree que la magia ayudó, pero hubiera ayudado más si hubieran sido más específicos en sus manifestaciones. Esa mancha ahí estaba. Este tiempo perdido ahí seguía, como un reloj de arena suspendido que de pronto se estrelló en su cabeza.

La mulata de Córdoba. El gotiquillo de Arkansas.


En una entrevista para Last Podcast on the Left, Damien confesó que al salir de la cárcel, tuvo un colapso nervioso. En cuestión de días tuvo que aprender a ser el adulto que se le prohibió la mitad de su vida. Allá adentro atravesaba laberintos judiciales. Acá afuera se enredaba para sacar su primer tarjeta de débito. Allá adentro podía leer cinco libros a la semana. Acá afuera se quedaba estancado en una página. Allá adentro encontraba compañía en sus rituales. Acá afuera le rodeaba la soledad entre las masas.

Gradualmente retomó el ejercicio y la magia. Regresó a los hábitos que le daban paz en su celda, a la vida monástica, a las artes marciales, a las respiraciones profundas y a la protección de los arcángeles. Incorporó sus rituales como parte de su readaptación urbana.

Pasaba horas en las calles de Nueva York para recuperar la chispa que tenía con el mundo. Que tenía con el cosmos y con sus propias entrañas. En una transmisión para su canal de YouTube, contó que pasaba días enteros en el Metropolitan Museum of Art, sumergido en los remanentes de civilizaciones antiguas. Entre los escombros de Mesopotamia encontró el origen del todo. Le recordaron todo el misticismo que le había liberado el alma en cautiverio.

Junto a Lorri, aunque cada quien con sus prácticas distintas, comparte lo que ha aprendido y sigue aprendiendo sobre magia ceremonial. La conexión con los elementos y los planetas, los llamados de los ángeles, la alquimia, las esferas del Qabbalah occidental más allá del plano físico.

No sé por qué, pero en cuestiones místicas, le creo más a un ex-convicto que se salvó de la muerte temprana y que ejercía sus rituales con los medios más austeros que a cualquier jovencillo namasté que vibra alto en Tulum y que dice que los límites están en la mente y en la cuenta bancaria de sus padres.

Bueno sí sé por qué. Lo contaré en otra ocasión.

Lamassu de Mesopotamia en el Met de Nueva York. Una de las primeras representaciones de un ángel tetramorfo.